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Entrada: Manifiesto 8M 2026

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Nos despertamos antes que el sol. Nuestros días sostienen cargas invisibles y equilibrios constantes, atraviesan violencias que se normalizan, cuidados que no se nombran, agotamiento que no se permite y silencios que lo cubren todo. 

Yo me despierto y lo primero que veo es el móvil.
Opiniones sobre mi cuerpo.
Sobre mi foto.
Como si existir ya fuera provocar.

Nos maquillamos el cansancio, disimulamos las ojeras de las noches largas, las cuentas que no salen, el miedo que no se nombra

Nos enseñaron que debemos vernos bien, aunque por dentro todo pese

No desayuno por miedo a engordar, porque sé que cuando llegue al instituto sentiré que mi cuerpo será lo primero que miren y lo primero que juzguen.


Salimos a la calle calculando: la ropa, los caminos, mis horarios, los de las personas bajo mi cuidado, la llave entre  los  dedos, la precariedad… 

Ser mujer es aprender estrategias de supervivencia y sostener la vida.
En el bus un hombre se abre de piernas
como si el espacio también le perteneciera.
Como si mi incomodidad no existiera.

A veces pienso…
¿cuánto ocupa el miedo?

Trabajamos el doble. Cobramos menos. Cuidamos siempre.

Cuando llamen del colegio, seremos nosotras. Cuando falte alguien, seremos nosotras.

Y si somos migrantes y pobres, la cuerda aprieta más fuerte.

Más horas. Menos derechos. Más silencio.

En el instituto me llaman de orientación, me sacan de clase. Dicen que hay problemas en casa, algo de un desahucio, nos quieren echar. No consigo concentrarme en clase después.

Llegamos a casa y empieza el segundo turno. Cocinar. Limpiar. Escuchar. Sostener.

Sostenerlo todo.

Y mientras tanto, un mensaje no pedido. Una foto no pedida. Un cuerpo invadiendo el mío sin tocarme.

Violencias pequeñas, dicen. Pero duelen mucho.

Voy a mi asociación, donde puedo desconectar un rato.

Acuesto a las peques, recojo lo que queda del día y, cuando por fin todo se queda en silencio,  me doy cuenta de que no ha habido ni un solo momento que haya sido solo para mí.

Unos chavales mi gritan y se acercan a mi, me cambio de acera, acelero el paso, se acelera mi corazón. Llego a casa. Aviso  que he llegado a mis amigas

Estamos cansadas.
Estamos cargadas.
Estamos solas.

 Estamos violentadas.

 Pero no estamos rotas.

 Estamos aprendiendo a mirarnos.
A reconocernos.
A organizarnos.

 Porque cuando nos unimos,
las cargas se comparten.

El miedo se nombra.
La culpa se cae.
La vergüenza cambia de lado.
El feminismo salva vidas.

Y juntas… somos más fuertes.

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