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Entrada: Cuidarnos para cambiarlo todo: apoyo mutuo y vida en común

En un mundo que nos empuja a ir cada vez más deprisa, a competir, a producir y a resolverlo todo de manera individual, cuidar es un acto político.

Los cuidados sostienen nuestras vidas, pero durante demasiado tiempo han permanecido invisibilizados, precarizados y repartidos de manera desigual. Han recaído especialmente sobre las mujeres, sobre quienes tienen menos recursos y sobre quienes sostienen, muchas veces sin reconocimiento, la vida cotidiana de sus familias y comunidades.

Por eso, hablar de cuidados también es hablar de género, de clase y de desigualdad. Y es cuestionar un modelo que pone el beneficio por encima de las personas, que convierte el tiempo en mercancía y que nos hace creer que cada cual debe salir adelante por sus propios medios.

Desde La Kalle creemos justo en lo contrario.

Nadie se construye sola. Nadie sale adelante sola.

Somos porque existen vínculos que nos sostienen. Porque alguien escucha. Porque alguien acompaña. Porque un barrio abre una puerta, comparte un recurso, se organiza, se preocupa y se planta cuando algo no es justo. El apoyo mutuo nos recuerda que nuestras vidas están conectadas y que, frente al individualismo, podemos construir otras formas de estar juntas.

En nuestro trabajo socioeducativo, el vínculo es una herramienta de transformación. Acompañar no es solamente atender una necesidad concreta: es generar confianza, reconocer al otro como sujeto, construir espacios seguros y caminar juntas para que cada persona pueda tomar la palabra, participar y transformar aquello que le rodea.

Y esto también implica preguntarnos qué vidas estamos cuidando, quién cuida a quienes cuidan y qué condiciones necesitamos para poder hacerlo.

Reivindicar los cuidados no puede quedarse en ponerlos en valor. Necesitamos repartirlos, colectivizarlos y reconocerlos como una responsabilidad social y comunitaria. Necesitamos barrios donde pedir ayuda no sea una derrota y ofrecerla no sea una heroicidad. Donde cuidar no recaiga siempre en las mismas personas. Donde el tiempo para acompañarnos, escucharnos y organizarnos también tenga valor.

Porque los cuidados pueden ser una forma de resistencia frente a un sistema que nos quiere aisladas, cansadas y compitiendo entre nosotras.

Este 29 de octubre, Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, nos sumamos a quienes llevan tiempo construyendo otras formas de hacer barrio. A quienes organizan redes, acompañan, sostienen, escuchan, defienden los servicios públicos y ponen la vida en el centro.

Porque frente a la lógica de sálvese quien pueda, elegimos el nos cuidamos para seguir juntas.

Y porque creemos que cambiar el mundo también empieza por algo tan sencillo —y tan revolucionario— como no dejar a nadie atrás.

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